¿Qué es un accidente cerebrovascular?
Un accidente cerebrovascular, a veces llamado ACV, ocurre cuando algo obstruye el suministro de sangre a una parte del cerebro o cuando un vaso sanguíneo de éste se rompe. En cualquiera de los dos casos, hay partes del cerebro que se dañan o mueren. Un accidente cerebrovascular puede provocar daño cerebral duradero, discapacidad a largo plazo o, incluso, la muerte.
¿Qué pasa en el cerebro durante un accidente cerebrovascular?
El cerebro controla los movimientos, conserva nuestros recuerdos y es la fuente de nuestros pensamientos, emociones y lenguaje. También controla muchas funciones del cuerpo, como la respiración y la digestión. Para que funcione correctamente, necesita oxígeno, que es llevado a través de la sangre por las arterias. Si ocurre algo que obstruye ese flujo de sangre, las células del cerebro empiezan a morir en cuestión de minutos, porque no reciben oxígeno. Eso provoca un accidente cerebrovascular.
¿Se puede prevenir?
Un control anual va a servirle a tu médico para saber si tenés riesgo de sufrir un ACV y ayudarte a reducirlo.
Existen varios factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular. Ellos pueden ser:
No modificables
Edad, género masculino o antecedentes familiares con esta enfermedad.
Modificables
Hipertensión arterial, colesterol elevado, obesidad, sedentarismo, tabaquismo, diabetes mellitus, consumir grandes cantidades de sal, estrés, fibrilación auricular, apneas de sueño.
¿Cuáles son los síntomas?
Si el ACV no pudo prevenirse es muy importante saber reconocer los síntomas para reducir en forma inmediata el daño cerebral. Cada minuto transcurrido es crucial para prevenir los daños del ataque sobre la actividad motora del cuerpo, la palabra, la visión, la actividad psíquica y por supuesto la muerte.
Ante los siguientes síntomas es muy importante recurrir al médico que sabrá diagnosticar qué tipo de ataque está en curso. Pueden ser diferentes y muy sutiles:
Dolor de cabeza muy fuerte y repentino.
Debilidad o sensación de que se duerme un lado de la cara, un brazo o una pierna, especialmente del mismo costado.
Problemas para hablar o entender lo que se le dice.
Pérdida de equilibrio o falta de coordinación del cuerpo (por ejemplo, querer agarrar algo y no poder).